Dos de los principios del cambio

¿Es posible el cambio personal? ¿Y la transformación de las organizaciones? ¿Hacia dónde deben encaminarse? Y sobre todo, ¿cómo conseguir que se produzcan dichos cambios?

En mi caso, y según mi experiencia, hay dos teoremas en los que basar el cambio personal y organizacional.

  1. Teorema del conflicto amigo:

Todo avance es producto de un desequilibrio que tiende al equilibrio inestable

Es evidente que cuando estamos en pie paradas, o sentadas, y no digamos ya tumbadas, es para estar estables, cómodas. Pero en esa posición no hay avance.

Para caminar, y no digamos ya para correr, es necesario empezar con un cierto desequilibrio que nos permita coger velocidad. Eso sí, para evitar caernos, debemos mantener nuestro centro de gravedad dentro de la base de nuestros soportes.

Dicho de otra manera, para avanzar es necesario salir de nuestro espacio de confort, de lo conocido, y sumergirnos en la incertidumbre. Y para ello siempre es necesaria la existencia de una fuerza, de una energía. Una fuerza que produzca la suficiente aceleración para ir más rápido, o una energía que mantenga la velocidad de movimiento.

Las fuerzas que hacen que nos movamos pueden ser de origen diverso: la fuerza del miedo, la del deseo o la ambición, la generosidad, la fuerza de la costumbre, la pasión, el interés… Hoy propongo centrarnos en una de las más potentes fuerzas generadoras de desequilibrio: los conflictos.

La historia nos demuestra que es inevitable que en una organización, sociedad o a nivel internacional surjan conflictos, muchas veces con consecuencias desastrosas.  Pero también podemos observar que cuando esas tensiones y conflictos son resueltos de forma positiva y constructiva, el punto final de llegada siempre es mejor que la situación de partida.

Por mi parte debo reconocer que me encantan las organizaciones que no rehúyen los conflictos, sino que los abordan de cara y con asertividad. Buscando aquello que nos une, el propósito común, en vez de una frente a otra. Obviamente no digo que me gusten las personas o entidades conflictivas, que buscan y generan enfrentamientos, sino aquellas que saben solucionarlos desde la cooperación. Ya que además resulta que este tipo de organizaciones son más dinámicas, más avanzadas, más vivas, y obtienen mejores resultados.

  • Teorema del fracaso como motor de la historia

Cualquier crecimiento significativo es fruto de un nivel de conciencia superior

La Neurociencia ha demostrado que siempre es posible efectuar cambios si tomamos la decisión y el compromiso de hacerlo. Que cuando interrumpimos de forma duradera los pensamientos o comportamientos negativos, nuestro cerebro necesita unos 30 días para crear nuevas conexiones neuronales e instalar nuevos hábitos.

Sin cuestionar lo anterior, mi vivencia personal me lleva sin embargo por otros caminos más potentes de lograr los cambios. El cambio sin esfuerzo, sin hacer nada más que darse cuenta. Cómo el tomar conciencia de lo que somos y lo que está pasando nos hace subir a un nivel superior, a vivir con mayor plenitud y a ser más eficaces. Tomamos conciencia, y el cambio sucede sólo.

¿Y cómo hacemos para tomar conciencia? Hay propuestas diferentes como diagnósticos o análisis de la realidad, la escucha y la observación activa, evaluaciones del desempeño, el coaching o mentoring, la meditación, la conversación consciente con otras personas,… Ahora os quiero proponer la forma más sencilla, a mi entender, de alcanzar un nivel de conciencia superior: el fracaso.

Desde muy pequeñas nos han enseñado que errar es malo, que es lo contrario a alcanzar el éxito. Y por eso lo ocultamos. Cuando el cometer errores es la forma natural de aprender. El error es el camino para llegar a la maestría y el éxito. El ensayo–error, ensayo-error,… nos lleva a entender por qué suceden las cosas, y a corregir aquello en los que nos hemos equivocado. Defendamos entonces una cultura del error y el fracaso como motor del cambio.

Eso sí, un error del que aprendes y te lleva a una mayor conciencia de ti misma, de las personas que te rodean y de las organizaciones de las que formamos parte. Porque ya sabéis el dicho: “Cuando sucede un fallo o accidente, algo que funciona mal por primera vez, puede ser una casualidad. Si sucede el mismo fallo o avería una segunda vez, eso es mala suerte. Si son tres o más los fallos o incidentes que se repiten, eso es un ataque organizado del enemigo, es un problema estructural”.

Os animo a enfrentaros a los fracasos personales o de empresa como una gran oportunidad de tomar conciencia y de alcanzar la mejora que nos lleve al éxito personal y colectivo. Sí, me encantan las organizaciones que permiten correr riesgos, que no penalizan ni ocultan los fallos, porque normalmente suelen ser organizaciones excelentes y en mejora continua.

  • Tesis final

Tenemos muy interiorizado que equivocarse está mal, y que hay que evitar los errores.

Y que en la vida lo mejor es rehuir los conflictos, evitarlos también a toda costa.

Si te interesa ser mejor, crecer y avanzar como persona y sociedad mi consejo es el contrario: busca rodearte de personas y organizaciones que disfruten resolviendo problemas, fallos, situaciones y tensiones difíciles. Y que encuentren soluciones novedosas e imaginativas, de una forma positiva y constructiva, y con la mayor participación posible. ¿Te animas?

Escrito por Josetxu González

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